Nietzsche rápido y furioso | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Nietzsche rápido y furioso

jueves, 28 de mayo de 2015 1 comentarios

¿Se puede escribir un texto con solo preguntas?








EJERCICIO LITERARIO

Escrito por Lic Ramón D. Peralta


¿Es que acaso existe alguien lo suficientemente incauto como para seguir leyendo esto? ¿No tenía que terminar un trabajo, llamar a alguien, escribir un oficio o jugar de Narciso en Facebook? ¿No es por caso, los ciento cuarenta caracteres de twitter, una digna literatura para nosotros los plebeyos pedestres de internet? ¿Se olvidó que no le gusta leer?


¿Puede llegar a escribirme uno de mis filósofos preferidos, Friedrich Nietzsche? ¿Y si le dijera que me mandó una carta?




¿Tiene idea desde cuándo no lo hacía? ¿No es eso lo que hacen los buenos amigos, un buen testigo?. ¿Cuántas preguntas se hace, y cuántas respuestas no tengo?.

¿Por qué habríamos de hacernos tres signos de interrogación?, ¿Cómo responder interrogantes que no tienen respuestas? ¿Se alza propiamente aquí un ideal, o se lo abate?, ¿Se me preguntará algún día? ¿Os habéis indagado alguna vez suficientemente cuán caro se ha de pagar en la tierra el establecimiento de todo ideal? ¿Cuánta realidad tuvo que ser siempre calumniada e incomprendida para ello, cuánta mentira tuvo que ser santificada, cuánta conciencia conturbada, cuánto Dios tuvo que ser sacrificado cada vez?


 


¿Hasta cuándo la humanidad resentirá su negación?. ¿Negar lo que pudimos haber sido, afirmar lo que no somos?. ¿Qué tendrá el cinismo universal que nos pone en veredas enfrentadas, negando que todos transitamos la misma vereda? ¿Por qué para poder levantar un santuario tuvimos que derruir otro?, ¿ésta es la ley, podéis mostrarme un solo caso en que no se haya cumplido?... 



¿Somos entonces, nosotros, los hombres modernos, nosotros, los herederos de la vivisección que durante siglos sodomizó la conciencia, cómplices de nuestra autotortura también?. ¿Durante cuántos milenios, de ese animal que nosotros somos, habremos de ejercer nuestra más prolongada obstinación de hacernos el mal en nombre del bien común?, ¿Es verdad que no nos damos cuenta que somos seres en cuanto destrucción, una especie de alimaña?


 


¿Es la ignarez natural de nuestra condición, la credencial requerida para acabar con éste asma unigénito, con ésta inusitada fiebre, la enfermedad del cosmos, esta angustia de sabernos lo que somos, por delante de todo ese daño que habremos de respirar? 


¿Es bueno rechazar lo malo, es malo aceptar lo bueno?. ¿No sería interesante que pudiéramos darnos cuenta de sus diferencias?. ¿Quién dijo que las masas no se equivocan, si solo la historia recuerda a unos pocos genios, los únicos que ella evoca?.


 


¿Acaso es nuestra capacidad de artistas, y en todo caso, nuestro refinamiento, nuestra perversión del gusto?. ¿Es tanto el tiempo transcurrido para los hombres que han contemplado con malos ojos sus inclinaciones naturales, de modo que, éstas han acabado por hermanarse en la mala conciencia humana tal si fuere algo natural, propio de nuestro ser?.


¿Sería posible en sí, un intento en sentido contrario?..., ¿pero quién es lo bastante fuerte para ello? ¿Habremos algún día de saber, si es posible el intento de hermanar con la mala conciencia las inclinaciones innaturales, todas esas aspiraciones hacia el más allá, hacia lo contrario a los sentidos, lo contrario a los instintos, lo contrario a la naturaleza, lo contrario al animal?

 


¿Son suicidas los ideales que hasta ahora han existido, todos los cuales son ideales hostiles a la vida, ideales calumniadores del mundo?. ¿A quién dirigirse hoy con tales esperanzas y pretensiones?...
¿Tendríamos contra nosotros, justo a los hombres buenos, y además como es obvio, a los hombres cómodos, a los reconciliados, a los vanidosos, a los soñadores, a los cansados? ¿Qué cosa ofende más hondamente, qué cosa divide más radicalmente que el hacer notar algo del rigor y de la elevación con que uno se trata a sí mismo?.

¿Por qué tan complaciente, tan afectuoso se muestra todo el mundo con nosotros tan pronto como hacemos lo que hacen todos?..... ¿Por qué esa tácita regla supraestructural que nos lleva a dejarnos llevar, como se deja llevar..., todo el mundo?. 


¿Qué se necesita para lograr aquel fin? ¿se necesitaría una especie de espíritu distinto de los que son probables cabalmente en esta época, espíritus fortalecidos por guerras y victorias, a quienes la conquista, la aventura, el peligro e incluso el dolor se les hayan convertido en una necesidad imperiosa?. 

¿Se necesitaría acaso para ello estar acostumbrados al aire cortante de las alturas, a las caminatas invernales, al hielo y a las montañas en todo sentido? ¿Y se necesitaría además una especie de sublime maldad, una última y autosegurísima petulancia del conocimiento, aquello que forma parte de la gran salud?, ¿se necesitaría todo eso?. 
 

¿Se recitaría cabalmente, para decirlo pronto y mal, esa gran salud? ¿Y cómo encaja la moral, el alma humana y el espíritu, de existir todo esto?. ¿Cómo hacemos intersección entre universo y yo, que no pienso como el universo, pero pertenezco a él?. ¿De quién es, si no es tuyo ni mío?. ¿Pero hoy es ésto posible siquiera, unirnos como un solo universo, con Dios, con los otros hombres, con la vida?. Alguna vez, quizás (...) en una época más fuerte que este presente corrompido que duda de sí. 

FIN 

NOTA: se ha exagerado el ejercicio para que se entienda el punto de fondo. 

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL 

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+ comentarios + 1 comentarios

Anónimo
jueves, 28 de mayo de 2015, 19:33:00 GMT-3

Con batucada de marí marí de fondo y su tremenda destreza para escribir, Nietzsche de repente se puso mas simpático. Saludos don Peralta. Marta Molina.

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