La ortodoxia de la heterodoxia en Argentina | DIARIO LITERARIO DIGITAL

La ortodoxia de la heterodoxia en Argentina

martes, 12 de mayo de 2015 0 comentarios

FILOSOFÍA Y POLÍTICA ECONÓMICA

Escrito por Lic Ramón D. Peralta




Dicen que Dios aprendió a hacer el arco iris, luego de tanto combinar colores. Yo aprendí a cultivar rosales, luego de tanto equivocarme. El arte, bendito arte, el saber perdonarte ante el error y seguir adelante.  

En el divino sacrificio de la fealdad, se construye la belleza, y es ésta quién indulta el suicidio del hombre ante esa sacrílega adoración a las formas. Solo el hombre puede tardar segundos en destruir lo que, a la naturaleza, le llevó una eternidad, sin embargo; aun se maravilla con las certezas de la muerte.

¿Será el hombre acaso un agente del creador, quien ha sido encomendado a trabajos mayores?..., ¿o es el omnipotente quien nos está mostrado sus limites?, quizás, todo se trate de una gran ironía del Superior, quien además de jugar a los dados, se ríe de su aburrimiento.



¿Existe un estado de naturaleza para las cosas y el hombre, o es el hombre la antimateria de la creación? (...) tal vez, la respuesta; por exceso de obviedad,  jamás la aceptaremos.

 
En Argentina, hace tanto tiempo que gobiernan los argentinos, que ya nadie se acuerda dónde comenzaron nuestros problemas.  

Hay cosas que hacen reír, otras llorar, todo dependiendo del umbral tragicómico que nos permitamos para afrontar y absorber  lo patético.

Cada vez que estamos en la antesala de un nuevo anticiclo económico, reiteramos las mismas discusiones de antaño: ¿Políticas ortodoxas versus políticas heterodoxas?, en la creencia que una y otras pertenecen a mundos diferentes y antagónicos.

Y ya que el estudio y la cultura no es nuestro fuerte, igual nos arreglamos con superstición y dogmatismo.

Y aunque el neoliberalismo inventado en estas Pampas, nos conduzca al mismo partido y gente, que sponsorean al populismo de una supuesta izquierda del hoy,  no importa, nuestra memoria es tan "buena" como nuestra conciencia. 




Claro que, una buena pregunta sería: ¿Qué es la ortodoxia económica para nosotros?..., porque si el Plan de Convertibilidad del memenismo, se asume como ortodoxo para el resto del mundo; es porque somos más ignorantes de lo que la ignorancia puede soportar.

Nuestra convertibilidad, tuvo la característica especial de referir al dolar estadounidense, en tiempos donde ésta moneda ya había dejado de ser convertible en oro (hacía 20 años atrás), justamente a raíz del déficit comercial y fiscal que EE.UU venía arrastrando. 


Pero el "neoliberalismo", tampoco es lo que creen los "creyentes", pues lejos está de ser una propuesta de absoluta libertad y antiestatismo. 

El término neoliberalismo, fue acuñado por el académico alemán Alexander Rüstow en 1938, en un coloquio de ideas. Entonces, se definió el concepto de neoliberalismo, remarcando "la prioridad del sistema de precios controlados, el libre acceso al emprendimiento, la libertad relativa del ejercicio empresarial, la defensa de la propiedad privada, pero, en medio de un marco donde se pugna por un estado fuerte e imparcial".

Para ser un verdadero neoliberal, es necesario requerir una política económica moderna con la "intervención del estado". El intervencionismo estatal neoliberal, trajo consigo un enfrentamiento con los liberales clásicos del laissez-faire, como Ludwig von Mises o Friedrich Hayek.

En los años 60, el término dejó de usarse regularmente, para luego ser retomado por el populismo latinoamericano, que, como ya es usual, rebautiza las palabras con nuevos significados. 

Entonces bien, el menemismo sin duda puede ser visto como un pseudo neoliberalismo, pero nunca un liberalismo lato, porque si bien privatizó varias empresas estatales, nunca dejó de intervenir en los designios de la economía y la actividad empresarial, favoreciendo a unos, y perjudicando a otros.

Me refiero al mismo menemismo que, integró Kirchner, su esposa, y gran parte de los funcionarios kirchneristas más veteranos. ¿Pero era esto ortodoxo?, veremos...

El propio Williamson, cuenta que, en ese histórico borrador, incluyó "una lista de diez políticas que personalmente pensaba, eran más o menos aceptadas por todo el mundo en Washington" (Consenso Homónimo).

Originalmente, ese paquete de medidas económicas, estaba pensado para los países de América Latina, pero que, con los años, se convirtió en un programa general. Las políticas económicas del consenso son las siguientes:


  • 1.-Disciplina presupuestaria (los presupuestos públicos no pueden tener déficit)
  • 2.- Reordenamiento de las prioridades del gasto público de áreas como, subsidios (especialmente subsidios indiscriminados) hacia sectores que favorezcan el crecimiento, y servicios para los pobres, como educación, salud pública, investigación e infraestructuras.
  • 3.- Reforma Impositiva (buscar bases imponibles amplias y tipos marginales moderados)
  • 4.- Liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés
  • 5.- Un tipo de cambio de la moneda competitivo
  • 6.- Liberalización del comercio internacional (trade liberalization) y disminución de barreras aduaneras.
  • 7.- Eliminación de las barreras a las inversiones extranjeras directas (IED)
  • 8.- Privatización (venta de las empresas públicas y de los monopolios estatales deficitarias)
  • 9.- Desregulación de los mercados
  • 10.-Protección de la propiedad privada.

 
Respecto a ellos, Disciplina Fiscal, se refiere a reducción del gasto público hasta lograr que la brecha fiscal esté equilibrada, es decir que los ingresos públicos sean iguales o superiores al gasto público.

Esta disciplina, debería estar relacionada a un reordenamiento del gasto público, generando una agenda de prioridades a respetar. 


Reforma Impositiva, se refiere a la generación de un sistema de recaudación diferente, concentrado en impuestos menos distorsivos y de más fácil recaudación. Es decir, que los impuestos a la renta, sean hegemónicos respecto de los impuestos al consumo (que es el que mas castiga a los pobres, por caso IVA e Ingresos Brutos) 


Liberalización de los tipos de interés, se refiere a la generación de una reducción en los tipos de interés merced al acceso al mercado internacional de capitales.



Tipo de cambio competitivo, propone el incremento del tipo de cambio para lograr tener la producción local, a un costo internacional relativamente bajo. Este punto, está relacionado con el punto 6, ya que, si se tiene un tipo de cambio alto, la apertura de las barreras externas no causará tanto daño, en este sentido, el tipo de cambio será la única política de protección.


El punto 7 propone quitar las barreras a la entrada de IED.

El punto 8 respecto a la privatización de servicios públicos, recomienda que, ésta debe realizarse con un marco regulatorio estricto, y nunca durante el curso de una crisis económica que, hará vender los activos nacionales a un precio extremadamente reducido.


Por último y a nivel microeconómico, se propone la desregulación de los distintos mercados para lograr mayor competitividad, y, la generación de nuevas políticas en materia de Derechos de Propiedad para incentivar la creación de nuevos productos y sistemas productivos.


Argentina ¿caso testigo del Consenso de Washington?. Definitivamente no.  


Cabe analizar, si en Argentina se respetaron los preceptos del consenso de Washington, respecto a ello, los dos primeros puntos fueron claramente vulnerados, en los primeros años post-crisis hiperinflacionaria, el Déficit Fiscal se redujo para luego incrementarse  -y a partir del `94- ser superior al preexistente; la estructura del gasto también resultó menos eficiente. Por lo cual, se vulneraron los puntos 1 y 2.


La reforma impositiva, también quedó a mitad de camino, si bien se mejoró respecto a la eficiencia recaudatoria, el impuesto más importante dentro de la masa total resultó el IVA, el más distorsivo y regresivo de los impuestos. Por ende, podemos decir que tampoco se cumplió con el punto 3.


Los tipos de interés, se volvieron más bajos, producto de la reducción de la inflación y el acceso al mercado internacional de crédito. El punto 4, si, se cumplió.

En materia de comercio internacional, se redujo la protección pero sin incrementar el tipo de cambio; en la primer etapa se estableció un tipo de cambio competitivo, pero que hacia el ´94 ya dejó de serlo y en el ´97; ya era casi imposible para los productores domésticos competir con los internacionales. En consecuencia, se implementó el punto 6 pero sin el paraguas protector del punto 5.

Se liberó el ingreso de IED (inversión extranjera directa) se desregularon los mercados, en cambio, no se le dio un marco regulatorio adecuado a las empresas privatizadas. Se crearon entes regulatorios subsidiarios de las privatizadas y se realizaron las privatizaciones en el peor de los posibles contextos, por lo cual, se vendieron a un precio vil. Por último, no se modificó el marco normativo respecto a los derechos de propiedad.

En síntesis, de las diez políticas citadas, solo cuatro fueron llevadas adelante como fueron recomendadas y el talón de Aquiles del “modelo”, fue claramente el tipo de cambio vinculado a déficits fiscales que se financiaron con deuda (algo que estamos repitiendo en el hoy).

Lo que en economía se llama, la "doble brecha negativa" y que en un contexto recesivo y con libre entrada y salida de capitales, produjo el estallido del 2001. Hay mucho por decir sobre este punto, pero en realidad, quiero hablar de otra cosa... ¿Qué es la ortodoxia para los argentinos?, pues veamos.

Desde principios del siglo XX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, la Argentina se caracterizó por tener una moneda fuerte (denominada Peso Moneda Nacional) y una economía de precios estables.

Sin embargo, a partir de la política redistribucionista y estatista llevada adelante por el General Juan Domingo Perón, la devaluación y la inflación se volvieron factores crónicos. Entre 1945 y 1971 la tasa de inflación promedió el 25% anual, con un pico menor de 3,8% en 1954, y uno mayor, excepcional, del 113% en 1959. A partir de 1971 y hasta 1973 la inflación se acelera, pasando al 60% anual.

 
La situación se agravó aún más, a partir de mediados de la década de los ´70, cuando el modelo denominado "Estado de Bienestar" comenzó a presentar signos claros de agotamiento, lo cual llevó a su paulatino abandono a nivel mundial.

En 1975, el ministro de Economía del gobierno de María Estela Martínez de Perón, Celestino Rodrigo, aplica un inédito y brutal ajuste fiscal, monetario y de precios: el denominado "Rodrigazo". La última dictadura militar (1976-1983) finalizó en medio de un descalabro económico, tras la crisis del sistema financiero de 1980 y la derrota en la Guerra de Malvinas de 1982.

El Presidente democrático Raúl Alfonsín, anunció en 1985 un nuevo plan económico denominado Plan Austral, que incluía reformas estructurales en la economía (como la privatización de las empresas estatales) y la creación de un nuevo signo monetario: el "Austral".

Es decir que, el anhelo de las privatizaciones, no era potestad del Consenso de Washington, sino que, provenía de fuertes reclamos de la opinión pública mayoritaria, muy anterior a dicho modelo. 

Para tener una noción de la devaluación que venían sufriendo los sucesivos signos monetarios, un Austral de 1985 (casi lo mismo que decir un dólar) equivalía a 1.000 millones de Pesos Moneda Nacional, cuando tan solo cuarenta años antes (1945) se podía adquirir un dólar norteamericano con tan solo 4 Pesos Moneda Nacional.

En un principio, el Plan Austral pareció exitoso para contener la alzada inflacionaria, pero hacia 1986 y ante la imposibilidad de llevar adelante las reformas previstas, el Austral comenzó a devaluarse con respecto al dólar y nunca más se recuperó. 


El signo monetario se llegó a depreciar un 5.000 % anual con respecto al dólar hacia 1989. En junio de 1985, un dólar equivalía a 0,855 centavos de austral, mientras que para 1990 se necesitaban 10.000 australes para comprar un solo dólar.

Originalmente, el billete de mayor denominación era el de 50 australes, sin embargo, con una inflación galopante, se hizo necesario emitir valores muchos más grandes, llegando a imprimirse billetes de hasta 500.000 australes.


Para 1989, cuando se produce la salida anticipada de Alfonsín, el gasto público representaba el 35,6% del PBI y el déficit fiscal ascendía al 7,6% del PBI. De diciembre a diciembre, el índice de precios al consumidor había aumentado un 3.079 %, lo que recibió el nombre de "hiperinflación". El producto bruto interno cayó ese año, más del 6% y las importaciones el 21%.

Hacia fines de Enero del 2014, el gasto público ya superaba el 40 % del PBI y el déficit fiscal supera hoy el 6 % del PBI, con una inflación que ya traspasó los límites del 25 % anual.

Desde "La Riqueza de las Naciones" hasta la "Gran Depresión", la escuela dominante en Occidente desarrolló los preceptos de la economía clásica, y su sucesora, la economía neoclásica. Durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, la escuela de la economía keynesiana ganó prominencia, y fundó su preponderancia finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la denominada "síntesis neoclásica", fusión de las ideas macroeconómicas keynesianas y la microeconomía neoclásica.

A partir de la década de 1970, y con la crisis del petróleo en 1973 y la aparición de un nuevo fenómeno como la estanflación, el keynesianismo comienza a dar paso al monetarismo, bajo la influencia de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, que fueron impuestos experimentalmente durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, primero, y luego consolidados en los gobiernos de Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos.

A partir de la crisis financiera de 2007-2010 y la consiguiente crisis económica global, se ha expuesto públicamente ciertas divisiones relativas dentro de la mainstream económica, con algunos argumentando a favor de la revisión de la economía convencional, mientras otros, abogan por un cambio evolutivo, y finalmente, la corriente mayoritaria neoclásica que sostiene que la economía convencional explica la crisis financiera global.


Es decir, la consideración de que tanto la oferta como la demanda influyen en la determinación de los precios. Los neoclásicos otorgan gran importancia al papel del dinero en asuntos económicos. Los neoclásicos también extendieron el análisis económico a otras situaciones que las consideradas, tanto por los clásicos como por los marginalistas, es decir, examinaron no solo situaciones de monopolio, oligopolio, duopolio y competencia perfecta, sino también, situaciones de competencia imperfecta. 

Como lo anterior sugiere, la escuela neoclásica ejerció gran influencia en los desarrollos posteriores del pensamiento económico durante el siglo XX, por ejemplo, a través de la conocida: S
íntesis clásico-keynesianao, Neokeynesianismo, e incluso en el presente, a través de los nuevos clásicos. 

En las palabras de E. Roy Weintraub: "Todos somos neoclásicos ahora, incluso los keynesianos, porque lo que se enseña a los estudiantes, lo que es la economía principal (mainstream), es economía neoclásica".

Uno de los principios, ampliamente aceptados por la escuela neoclásica es, la "racionalidad de los agentes económicos."

De hecho, para algunos economistas, la noción del comportamiento racional maximizador es sinónimo de comportamiento económico (Becker 1976, Hishleifer 1984).

Cuando los estudios de algunos economistas, no incluyen el principio de racionalidad, son vistos como análisis que se encuentran fuera de los límites de la disciplina neoclásica (Landsberg 1989).

La economía neoclásica, presupone que los agentes son "racionales" y buscan "maximizar su utilidad individual" (o ganancias), sujetas a limitaciones ambientales. A partir de esta noción, los economistas neoclásicos derivan sus funciones de la oferta y la demanda, las cuales bajo ciertas condiciones conllevarán al equilibrio del mercado. Bajo condiciones estrictas, este equilibrio será Pareto eficiente.

La economía heterodoxa, rechaza estas nociones fundamentales bajo las cuales ha sido construida la economía neoclásica. Se caracteriza por:

  • Rechazo de la concepción atomista individual en favor de una concepción de individuo socialmente inmerso;
  • Énfasis en el tiempo como un proceso histórico irreversible;
  • Razonamiento en término de influencias mutuas entre individuos y las estructuras sociales;
  • Suscripción a una concepción dogmática, personalísima y supersticiosa de la economía

El populismo económico, está basado en la demagogia y en un relato de tipo épico, nacionalista, romántico y magnificente, destinado a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático. Todo esto independientemente del modelo económico que elija para cada coyuntura. En el populismo, no hay políticas económicas definidas ni deterministas. 

Sin embargo, a pesar de las características anti-institucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo), sino, el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

 


De acuerdo con esta significación, algunos movimientos populistas, habrían dado a amplias capas de la población beneficios limitados o soluciones a corto plazo, que, no ponen en peligro el orden social vigente ni le otorgan a los ciudadanos capacidades reales de autodeterminación, pero que, sirven para que eleven o mantengan la popularidad de los caudillos o del régimen reforzando su poder.

En muchos casos, a pesar del discurso contra ellas, las clases sociales estratificadas, los sectores económicos estratégicos (industriales, bancarios, etc.), los intereses eclesiásticos y militares, la función pública, se mantienen vigentes o en el mayor de los casos - cambian de manos -, pero el poder de tales estructuras sobre la población no desaparece.

Tampoco se produce cambio sustancial alguno, en los indicadores de la distribución de la riqueza, llegando incluso a aumentar la brecha entre los más ricos y los más pobres, tal el caso de Argentina.

Los discursos oficiales de estos regímenes y movimientos, deben ser digeribles y del buen agrado para la población en general (para darle seguridad y satisfacción) -por lo que -, no apelan a ideologías definidas e incluso pueden tener tintes más o menos conservadores y hasta reaccionarios, pero siempre carismáticos.

Se diferencia de la demagogia tradicional, porque se refiere no sólo a discursos, sino también a acciones. Así, se la puede entender como una táctica de uso limitado, o bien, como una forma permanente de hacer política y preservarse en el poder.

Ahora bien, la definición abstracta de lo que es el bienestar general del "pueblo", así como de corto plazo, orden social instituido u autodeterminación; permiten manipular el uso del término y aplicarlo eventualmente contra los adversarios políticos.

El populismo, no aboga por ideologías precisas o por la concientización y el debate o consenso de tesis políticas o económicas claras, sino que, brega por los sentimientos de aceptación masiva de un grupo en el poder y de una ideologización tan superficial como intensiva.

Por lo cual, el populismo no es de "izquierda" o de "derecha", puesto que, es una práctica del grupo en el poder y no un movimiento ideológico propiamente dicho.


Tanto la economía keynesiana, como una posición crítica de la política exterior de los Estados Unidos y/o el primer mundo, han sido consideradas como prácticas sustanciales del populismo. El populismo alimenta su doctrina con clichés vacuos, emotivos pero inconsistentes en pos de alimentar una maquinaria productora de incesantes "causas superiores".

Son los únicos que se autoexcluyen del concepto "establishment", cuando justamente esa palabra significa "quienes detentan el poder". 

Hablan de una supuesta lucha contra el neoliberalismo de los `90, cuando ese camino lo conduce a ellos mismos, el peronismo.

Tildan  de "antipatriotas " a quienes se refugian en el dolar ante la implacable inflación, cuando Néstor Kirchner en los 90 previo al corralito, transformó todas la regalías petroleras de Santa Cruz en dolares, para luego depositarlas en bancos extranjeros. Nunca se supo más de ellas.

Se dicen heterodoxos, pero pagaron más deuda que ninguno. Dicen luchar contra el FMI, pero negocian con ellos. Dicen velar por los pobres, pero negando su existencia en las estadísticas oficiales.  Niegan el alto nivel de desempleo y sub-empleo, pero en paralelo lanzan planes asistenciales para jóvenes que ni trabajan, ni estudian.  

Si solo en éste segmento (de entre 18 y 24 años de edad), el mismo gobierno calcula que hay mas de 1.5 millones de argentinos en dicho estado, ¿cómo puede haber solo un 6,8 % de desocupación?. La lista de incongruencias y contradicciones es larga.
 

CONCLUSIONES

En Argentina, no tenemos gobiernos ortodoxos desde hace más de 60 años, mucho menos políticas económicas ortodoxas.

Volver a los noventa, es seguir en la heterodoxia. Pero ojo, tampoco nos podemos detener aquí, porque una cosa es tener modelos ortodoxos o heterodoxos, y otra es tener al populismo, que es una especie de eslabón perdido entre ambas dimensiones, dado que, dice una cosa, hace otra, pero los resultados a su vez; no concuerdan con lo que dice y hace.

La mala praxis, no es un modelo, pero confunde y mucho. Según mi opinión, éste "modelo" pretende salvar una oportunidad de prolongar su poder más allá del 2015, con recetas racionales ergo ortodoxas, en momentos donde todo es un desmadre heterodoxo.

Hoy el relato dogmático, dejó de ser preocupante en la medida que sabemos que va dirigido a un público cautivo, que festejará y defenderá sus contradicciones, por mas absurdas y evidentes que sean.

El populismo, puede ser ortodoxo y/o heterodoxo (como bien se vio), incluso, puede ser una solución. Puede ser cualquier cosa, y de hecho, lo es.  

El problema es que, no sabemos cómo frenar ésta etapa del proceso anticíclico, que ya está pidiendo pista para su etapa final,  la recesión (recesión que ya existe desde fines del 2013).  Quizás, y vaya paradoja, el más ortodoxo de todos, en estas últimas décadas, haya sido justamente Nestor Kichner, quien solía decir: "Hay que mantener los superavits gemelos", y "con el dolar no se juega".

Y recuerden, nada más ortodoxo en Argentina, que la corrupción.-
   
Fuente Diario COPIA OCULTA
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