Cuando no tengo nada que decir | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Cuando no tengo nada que decir

viernes, 22 de mayo de 2015 0 comentarios


ODAS A LA VANIDAD 

Escrito por Lic Ramón D. Peralta






EJERCICIO LITERARIO



Entre el escritor y el lector solo hay un accidente de distancia. Los sentimientos, capacidades y pensamientos, suelen ser los mismos, pero que, traducidos al lenguaje literario adquieren alto grado de misticismo. En esa imaginaria diglosia, cada uno pretende un final distinto.

Mientras los comunes, solo buscamos la redención de cuanta utopía pueden cargar nuestras idealizadas abstracciones, el lenguaje y la belleza, se limitan a cercenarle el paso a tanta volubilidad prosaica y supersticiosa, aguafiestas. Sin la premonición del amor en mi mismo y la exultancia de carácter, la vida del novel se hace insoportable, irascible, irrespirable.

Pero sin el contraste entre lo banal y lo real, ni una u otra, podrían encontrar su justa dimensión y dualidad. La síntesis de la literatura, se escurre entre el llanto y la sonrisa, entre la alegría y la monotonía, entre el misterio y la certidumbre, entre el orgullo y la desilusión, entre el devenir y el abandono (...) sin cuya escisión nos sería imposible magnificar esa antojadiza y mañosa entelequia bautizada: Vida trascedental.

Conocemos tanto del universo y tan poco de nosotros mismos. El conocimiento del ser en cuanto aceptación del verdadero ser, es ínfimo. Sin importar si somos ateos o creyentes, todos somos creyentes, porque nuestro conocimiento del ser solo se sostiene con creencias. Las ideas sucumben ante la paradoja de Tántalo. Cada vez que vamos a recogerlas, comer de ellas, éstas se desvanecen ante nuestras narices, para darnos cuenta finalmente que, solo somos fruto de nuestra creación.  

Porque son las creencias las que nos ayudan a vivir. Una vida de solo ideas sería insoportable, tortuosa, suicida. Necesitamos creer en lo que queremos ser, y así nos inventamos. Mandamos hombres a la Luna, pero nadie puso un norte en mi interior. Nadie me conoce, ni siquiera yo mismo.

 
No solo creemos que somos escritores, creemos que somos los mejores escritores. La idea de atravesar la dimensión del aprendizaje, termina en la creencia de que es una mala idea, una cierta nada. Pero no existen los escritores consagrados, solo existe la consagración de la creencia.

Son esas cosas que no se pueden decir, pero moriría por poder escribirlas. Describirlas tal como las veo, quizás como son. Anestesiar los sentimientos, agudizar los sentidos, hacerme ídolo de mi mismo, narrar lo inenarrable, estar contigo sin tocarte; sufrir juntos ante el desastre, sin herirte, sin juzgarte, pero exigiendo de ti una respuesta que me sirva, que me llene, que nos cure.

La mera descripción de la enfermedad ha dejado los cementerios colmados de occisos vaticinios de sanación. ¿Qué habremos de hacer lector con esto, en caso que estemos de acuerdo?.

Me pregunté: ¿Por qué la familia no ha sido un tema de interés para los grandes filósofos?, ¿por qué no hay una sola escuela filosófica laica que ponga a la familia como protagonista de la vida en sociedad -como piedra angular -, en el desarrollo de la economía y la sociología?, ¿por qué desde hace décadas los modelos económicos prometidos por los políticos de turno en el poder, no mencionan siquiera tangencialmente a la familia como vórtice del futuro de la nación?...


¿Por qué el mismo sistema educativo de muchas naciones de habla hispana, han dejado relegada a un segundo plano la institución de la familia, cuando antes era considerada como el fundamento primero de cualquier pueblo o país?.


¿Por qué no les enseñamos a nuestros niños a modelar los sentimientos, pensando más en el prójimo, cediendo, aunque sea un poquito, de todo el espacio que ocupamos en nuestro propio ego? 

 

Porque hablar de la familia es inmiscuirse con entidades más próximas al amor, la dignidad y otras entelequias "antifilosóficas" que derruyen la estantería y el escaparate del "pensador profesional".

Dadles un punto de materialismo dialéctico en donde apoyarse, y os devolverán libros, pero si entregas el corazón os devolverán interrogantes. Nada peor para un filósofo moderno que, atenerse a construir silogismo sobre la base de una romántica abstracción humana. 

 

En cada hombre habita un Mesías que, cuando despierta, mitiga algo de mal en el mundo. Pérfida ironía, los mejores hombres están por morir.

Me enseñaron que todo aquel que refiere a otros, se indulta como impostor, pero el que subyuga su mente en el alma, sentencia perdón. La conciencia del que no tiene nada que perder, subyace con lo prístino y exculpa toda invención.

Me refiero a todo aquello que, individualmente inventamos como fetiche y moral, y de lo mucho que tuvimos que resignar en pos de vivir en sociedad. Por suerte, la vida y la muerte son solo posibles gracias a las deficiencias de la imaginación y la mala memoria.


Solo siendo viejo uno se puede cansar del cansancio, y si bien soy de acá, duélenme los huesos desde Bizancio. Vaya paradigma, un aliado ha vuéltose mi cojera, quien se erige en vil señuelo, distrae los curiosos de formas, nadie percata mi inminente ceguera. Soy un caminante enfermo enamorado de donde fue hospedado, y es que acaso yació su brío, derruido corazas y yelmos, su corazón empeñado.

Amontono las palabras, no puedo deciros más. Cada día que pasa, me acerca al principio, la nada. Y aunque los finales siempre están abierto, os aseguro que el desconcierto, hace de la certidumbre una vocación. La contradicción domina al hombre viejo, aciago inquietante que enemista la voracidad por saber, con la conciencia de intuir que, es mejor ignorar el futuro, todo. 

La nostalgia es el sentimiento más joven, de aquellas almas viejas apenadas por el cansancio de un presente inmovilizado en el tiempo. Es emoción triste ante recuerdos felices de un pasado que se despide. La nostalgia, augura un futuro plagado de remembranzas comprometidas con un arrepentimiento que, sabe a exculpación algunas veces, y en otras, solo es inescrupulosa angustia de una juventud que saluda póstuma.

Hay muchos grados de tristeza, pero la más dura es extrañar a tu padre y hermano, y no poder, en ese instante, abrazarlos porque están muertos. Tristeza es saber que el sol que te iluminaba se ha apagado para siempre. Tristeza es saber que pudo ser y no fue. La tristeza es el pozo hondo y oscuro, y las lágrimas derramadas el agua fría en el que se ahogan tus penas. 

Me levanté recordando haber soñado que andaba junto con mi padre en bicicleta por el Parque Unzué. Mi papá nunca tuvo bicicleta. Mi mamá aún vive, y comenzó su tratamiento de quimioterapia. Hoy cuido mejor mis juguetes, los amo. Trato de no pensar en lo que siento en éste momento, ya soy un adulto.

Mi único hermano varón murió en el 92, mi padre se fue en el 94. No quiero pensar en la muerte, solo en mi madre. Hoy cuido mejor mis juguetes. Mis hijos son grandes, y mi presencia pequeña. Una vez tuve una pelota de cuero número 5... tenía los colores de la felicidad. 

¡Qué lindo jugar con mi hermano!. Tenía 1 año y un mes menos que yo, son también sus juguetes. Levanté la vista, y vi los soldaditos de plomo marcialmente formados para la ocasión, arriba del bayou. Es tropa disciplinada y leal, nunca perdí una guerra con ellos.

Mejor no miro el álbum de figuritas, tengo fotos metidas dentro de él. ¡Qué chico es mi departamento!.

La pucha, no puedo dejar de pensar en mi vieja..., hoy cuido mejor mis juguetes.
Somos los puntos suspensivos del anonimato de la moral, la misma que yace bajo el yugo de una mitología que se vende como epopeya, pero que se compra como parodia.

Somos consagrados escritores de una sátira que nos demuele por dentro, que nos expone desnudos ante el universo, emancipados ante el sarcasmo del creador, aquel que luego de tirar sus dados, nos anotó perdedores.


Porque esa canónica ironía que nos lleva a sentirnos superiores, aún cuando somos de lo peor, solo se explica con la intuición de lo divino. Un mortal por si solo, no podría lograr semejante injuria. 
Anochecer excitante, aquelarre de júbilo absurdo sin dolores ni contrastes. Goethe llegó en forma de electrones invisibles (me cortaron la luz). Solo la negación del malestar, quizás el renunciamiento del antiestoicismo, pudo lograr que me entregue sin resistencias a la procaz y gris teoría de la vida, que se consagra como palpitante arco iris sin tonalidades, inexistente.
Pero estimado amigo, he de prevenirte sobre la mala entraña de la inteligencia. Cuando leo a Nietzsche, noto que la denigración de la beatitud sodomiza todo ejercicio posible de la utopía, la vida perfecta, el acontecer teórico de las sinrazones de la razón, el pensar sintiendo, ergo sintiendo que soy lo que no soy, que fuérzome ser.

Esa serendipia existencialista, produce una profunda irritación dentro de mi. Pero asimismo me despabila, me sacude, me moviliza, nos salva.

Imaginariamente nos coloca en Estagirita. Me enfrenta con el pensamiento aristotélico, sin que se me caiga un solo remordimiento como blasfemo pensador de mi mismo. Y cuando por claudicar estoy, es Ortega y Gasset quien me dice: "Me parece excesivamente casual que Dios, símbolo de todo movimiento cósmico, resulte un ser ocupado en pensar sobre el pensar."

Mientras que San Agustín intenta convertir a Dios en un profesor universitario de filosofía, Ciorán me lleva por los caminos del antidogmatismo.

En el fondo, Heidegger parado sobre el púlpito, nos intima a reírnos de la dialéctica y su simplismo.

Quizás, solo deba dejarme ser librepensador; practicar la eutanasia de una cultura que ya no me sirve, abortar utopías que nacieron tullidas, darle vida al verdugo de la ubicuidad.

Apostatar ante el impostor egocentrismo inmanente, ya no soy el mismo, el mundo no es mi mundo, ya no está en su lugar. Hoy sospecho, soy yo el que gira alrededor del mundo. Sufro al pensarlo, ya no soy lo más importante.
 

Tal vez haciendo un titánico esfuerzo, podamos ver a la política como una mera expresión secundaria de espiritualismo, algo opacado por los reflejos de lo amoral, tangencialmente eclipsado ante por cuantas luces de eticidad exista al final del túnel.

Si me obligaran a elegir entre un empresario, un sacerdote, o un trabajador idealizado por el dogmatismo, me quedaría con las manos vacías. Porque cuando la política se cristaliza en la mente de los ciudadanos y se eleva como Satrapía de un omnidireccional formato para imponer la verdad, su verdad; se convierte en estigma, subyugación y condena. Parece simple, quizás.

¿Tanto nos cuesta intuir que cuando luchamos por nuestros ideales políticos, dejamos de defender el humanismo de todos?. Esa visión utilitarista respecto de mis propias miserias, peca de sublime pecado.

 
¿Tan omnipotente y perfecto me siento, como para aspirar a que todos deban pensar y sentir como yo?... ¿no era ya un trabajo de Dios?
En las dimensiones de éste tipo de esquemas cognitivos, no importan las diferencias entre verdad y mentira, so todo pasa a ser parte del mundo de las creencias subjetivas y egocéntricas.
Si aún preservo el interés por el misterio, es porque hay una parte de mi vida que me parece ininteligible; y de la otra, no se nada. Para éste amor que siento por mi familia, mis amigos, y mis lectores; laten ansiosas las palabras por nacer, porque lo inexplicable es mi único argumento, estoy harto de él.
No pretendas ser un genio todo el tiempo, cesad de literar tu propio nuncupatorio, goza de la escritura como aquella madre que disfruta del divino sacrificio sin recompensa, porque la verdadera grandeza, está en lo que dejas.




Fuente Diario COPIA OCULTA





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