Genet y Sartre, filosofía de la homofobia | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Genet y Sartre, filosofía de la homofobia

miércoles, 29 de abril de 2015 1 comentarios

DOXOGRAFÍA DE "SAINT GENET, ACTOR Y MARTIR" DE JEAN PAUL SARTRE




Escrito por Lic Ramón D. Peralta

PREFACIO




"Saint Genet...", no es un libro mas. Se eleva, cual encíclica cartesiana, en cincel hierofánico de la idiosincracia que el espíritu humano es capaz de deconstruir culposamente sobre los estremecimientos del ser en cuanto su alma, obviamente según la visión de Sartre.


Es un tratado exageradamente extenso y terco en lenguaje académico, que procura inmanencia sobre el presupuesto existencialismo del ser en privilegio de su esencia, ante la consciente libertad del hombre para administrar sus miserias.


Sartre, en éste ensayo, se propuso alcanzar el "Olimpo Literario", esforzándose en pulir un estilo que hasta ese entonces, percibía como anacrónico, espigado y bastardo. En esa neurótica búsqueda de su propia identidad, terminó concibiendo (gracias a Genet) la génesis de su redentor "existencialismo".


Saint Genet, se terminó convirtiendo en el punto de encuentro y comunión de la otrora tradición fenomenológica iniciada por Descartes, expurgada por Husserl, pontificada por Heidegger y aggiornada desde el incipiente psicoanálisis, por Freud y sus discípulos (Comité de los 7 Anillos)

Genet, es además de un prisma focal, el partener necesario de Sartre, cuyos actos fueron hechos a la medida; para darle valía y perspectiva a su diacrónico vocabulario filosófico.

En un anterior trabajo sartreano de "psicoanálisis existencial", publicado en 1947 y reducido a dimensiones más digeribles, fue Baudelaire el que ocupó el mismo rol de Genet.

En síntesis, Genet es fruto de la ansiedad de Sartre, ergo - la confirmación de una estructura dialéctica -, de la que adolecía hasta minutos antes. 

 


GENET, EL UTILITARIO 

Una vez, alguien me dijo: "el estudio formal de la filosofía en profundidad, destruye la filosofía". Hoy entiendo esas palabras. Estudiar y memorizar la filosofía, se convierte en algún punto en una teoría mas del conocimiento que se comprueba a si mismo, como una ontología holística y sigilosamente estocástica, como aquella epifanía del método que tanto embelesaba a Apolo, y sus heréticas virtudes fenomenológicas.

El pecado de buscar la verdad, con solo método y razón, sabe a dogma, extraña religión.



Es curioso, cómo los científistas procuran un máximo alejamiento de los metafísicos, como asimismo los psicoanalistas de los filósofos y a la inversa, y estos para consigo mismo, etc.


Es decir que, la autoexclusión contemplativa sobre el ser para con uno mismo, unigénito, especial y dueño de la única seráfica verdad, se consagra como un norte universal a seguir. Un punto que inferimos perseguir, pero que de antemano se preanuncia como ente dominial. 

 



No conozco la verdad, pero la que exista, es mía. 



Pero la división de la gnosis no parecería ser una entelequia consciente y autoimpuesta, sino que nace de la dudosa necesidad de ratificación de una mente imperfecta. 



La filosofía, la gran filosofía, compone un cuadro general, que al ser descompuesta en cada uno de sus elementos finitos y constitutivos, nos  provee de nuevas pistas que habrán de jerarquizarse en el devenir detectivesco del conocimiento científico. Es decir, no puedo tener un único abordaje sobre la teoría del conocimiento. 



En ese sentido, deberíamos consensuar entre todos que, es tan pertinente el estudio de los casos particulares como la ecualización y agrupamiento de esos saberes en un todo universal.


Si de ese agrupamiento se desprenden reglas unificadoras, pues habremos de festejar en júbilo....pero ¿es esa la misión que queremos asignarle a la filosofía y a la ciencia?, ¿Deberíamos insistir en la pesquisa desenfrenada de un ordenamiento que solo obra como utopía?....


¿Para qué necesita el hombre conocer las reglas del universo?, ¿Por qué ese afán de controlarlo todo?...quizás el hombre, mas que descubrir o negar a Dios, quiera ser el mismo Dios.


 



Cada elemento es de una manera, pero que al ser incorporado en un grupo se comporta como otro tipo de ser. Cada conjunto que se agrupa con otros conjuntos, redunda en un ser especial y mas complejo. Esa dinámica, se augura in eternum, ergo siempre encontramos algo metido dentro de otro algo, como también siempre hay algo que queda afuera.



No hay divisiones epidícticas en la gran ciencia y la gran filosofía. Me niego a que sobren piezas de la realidad.




Así es como, la tendencia sospechosamente natural, es dividir cada vez mas el estudio de lo que hay, existe, lo que no hay, lo que intuyo hay pero aun no puedo comprobar, lo que solo cohabita en la dimensión de mi imaginación, instinto e intuición, pero como tal, también factible de realizarse en un devenir probable. 



En otras palabras,  tener en claro que el límite del conocimiento es el mundo infinito de las posibilidades. 



Para la ciencia, resulta sustancial poder poner límites parciales, ontológicos, empíricos,  momentáneos a determinadas posibilidades, ergo un saber que se ha logrado falsear, también de manera precaria y temporal, pero que por ahora nos sirve, nos es útil, no soporta ninguna refutación circunstancial y formal a la vista, en el corto plazo.




Así es como, "prueba y error" construyen ad infinitum un sendero que solo nos conduce a mas  pruebas y errores. La certidumbre como absoluto, significaría la extinción de la humanidad tal como la conocemos o pretendemos conocer. 



La filosofía, el amor por la verdad; se relaciona con lo científico, y mas propiamente con lo evolutivo, en ese afán de siempre poner en dudas los límites de todo conocimiento desde la vastedad, mientras que los científicos lo hacen desde la particularidad y especialidad. 

 




Ciencia y Filosofía, están unidas en la complementariedad, sin cuya armonía y simbiosis, perderían su esencialidad e inmanencia. Un universo que necesita poder describirse a si mismo de alguna manera. 

Sartre en su libro "Saint Genet (...)", logra el punto mas álgido de su filosofía (en mi opinión). Es una obra que nos muestra a un Sartre de cuerpo y alma en su máxima amplitud...Sartre no habla de Genet, el hombre; sino que utiliza al Genet inventado por el Genet literato, para hablar de Sartre y su filosofía, su manera de pensar la vida. 



De "Saint Genet" uno puede extraer, tal lo hecho por Fabergé en una ocasión, un huevo dentro de otro, y éste dentro de otro y otro. El nivel de profundidad está supeditado a las capacidades del lector. 



Este denso tratado, solo se disfruta cuando uno puede llegar a encontrar los huevos mas chicos y lejanos, so para ello, es menester estar dispuestos en ponerse "en puntitas de pie", estirando el brazo y el dedo mas largo - máximo sacrificio  -, en procura de rozar lo inasible de entre lo mas encumbrado de la "alacena". 



Como son muchos los huevos en Saint Genet, habré de seleccionar uno de ellos a modo de muestra -, de entre los mas chiquititos e interesantes (por escaso y exótico).  




A modo de entremés, curioso resulta a priori, ver el tácito duelo retórico que se establece en éste texto, entre el Psicoanálisis de Freud versus el Existencialismo de Sartre. 



Freud, que en mi criterio, tiene tanto de científico como de filósofo y genio, supo tomar distancia a modo preventivo, no de la filosofía, sino de los filósofos de cartel, hegemónicos por aquel entonces. Lo cual, lo enaltece como un genuino intelectual de su tiempo.



El lenguaje irónico de Freud, aun le sigue dando problemas, no solo a los filósofos, sino también a sus discípulos. En varias ocasiones en que se le interrogó, Freud llegó a decir "que entre el mundo del psicoanálisis y la filosofía, existía una especulación que los separaba".



Personajes como Assoun sostienen que, "la filosofía cultiva el psicoanálisis como un campo de significaciones específicas y se pregunta: ¿qué tan válido es cuestionar al psicoanálisis desde una empresa teórica que le es completamente ajena, la filosofía?". 

Obviamente hay muchos ostentosos doxógrafos y fallidos exégetas de Freud, de un bando y de otro. El Psicoanálisis como episteme, tiene un frondoso futuro por delante debido al sólido basamento genético de la filosofía que le dio origen.  

A pesar de lo que sostienen muchos de mis colegas, opino que, no hay argumento válido que justifique el evitar a Freud en el estudio de la Filosofía. Incluso es una pieza central dentro del existencialismo y la hermenéutica, aunque muchos se resistan.

Sin embargo, tanto existencialismo como psicoanálisis parten del mismo punto focal, la fenomenología cartesiana. 

Freud elucubra sus ideas sobre el inconsciente y consciente de la mente humana, partiendo de la filosofía de su confeso mentor Franz Brentano, quién a su vez, se vio fuertemente influenciado por Bernard Bolzano.

 

Bolzano, toma parte, pero también se desprende de ciertos hemisferios del idealismo de Hegel y Kant, proclamando que, las teorías lógicas enquistadas en los números, las ideas, y las verdades reveladas, existen de modo autónomo e independiente a las personas que las piensan. 

Brentano hace carne sus enseñanzas, y como profesor de Freud, lo seduce con la tesis que exalta la primacía de la intencionalidad de la conciencia y de la experiencia en general, por sobre el resto de los universales.


Un poco mas al norte, el danés Soren Kierkegaard (tildado padre del existencialismo), sostenía algo similar;   al poner como eje de su filosofía a la condición de libertad de elección de la existencia humana, por centrar su enfoque en el individuo y la subjetividad. 



Es decir que, tanto Bolzano como Brentano y Kierkegaard, sostenían que el ser en cuanto a su ser, se define a si mismo en la libertad y la responsabilidad de elegir qué hacer con su desesperación y angustia. 


Sartre fue un enorme filósofo y escritor, eso es indudable, pero Freud fue muchas cosas, y eso lo convierte en un personaje pintoresco e imponente ante la historia. 

Freud murió siendo un niño, siempre ávido de información ergo sediento de saber. 

Estudió filosofía gracias a Brentano, y estudió medicina gracias a las lecturas de Goethe - pero asimismo -, a la hora de dibujar los fundamentos teleológicos de la técnica psicoanalítica, nos topamos con una extensa variedad de explicaciones: Freud, bastardo putativo del materialismo mecanicista de Herbart enlazando a Meynert; aprendiz del hipnotismo de Charcot.

Practicante de la sugestión de la Escuela de Nancy; colega del inventor del método catártico, Breuer. Freud, hijo de judíos pero gnóstico. Su autoanálisis, plasmado en el intercambio epistolar con Wilhelm Fliess también nos esculpe una imagen icónica de su preclara intelectualidad. 

El sincretismo fue su guía, y el antidogmatismo su medio de transporte. 


Sartre fue uno de esos geniales ególatras, incapaz de hacer diáfanas distinciones entre amigos y enemigos a la hora de lograr literar su filosofía. El tipo no tomaba prisioneros, cuando sentía que su dialéctica estaba convaleciente. Así fue como cayó en sus sórdidas redes un Genet que lo creyó su amigo.  

Genet lo tenía todo, era homosexual y esteta (afeminado), tenía un pasado amoral, un presente prometedor, una autobiografía suicida y sodomita, una incuestionable sensibilidad, una hermosa historia de amor con otro hombre, un nombre encumbrado en el ámbito literario, una comprobable arquitectura cultural construida en base a la autodidaxia, un ideal común tras que luchar, era filántropo también progresista de izquierda, etc; pero además, lo tenía cerca.

La auscultación que hace Sartre  sobre Genet, éste Genet en particular, es más filosófico porque, para decirlo sin filtros, Sartre admira a Genet de un modo en que no admira a Baudelaire. 

Parecería que, para Sartre, Genet tiene derecho a algo más que una profusa secularización psicológica. Merece un tratamiento egoísta y filosófico, lo que hizo. 

Genet era la mejor metáfora existencialista, capaz de evocar el milagroso renacer de entre las cenizas  de un mítico pero mas neurótico Ave Fénix made in France. Sartre no pudo controlar la tentación de sacrificar a Genet como testimonio vívido de la significación existencialista implícita en la capacidad de elegir en el hacerse y renacer libremente. Su Existencialismo, cobraba así su Cuasimodo.  




EL EXISTENCIALISMO DE SARTRE EN "SAINT GENET", Y SU TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD

¿Es la homosexualidad mala fe?. Para los existencialistas, o cuanto menos para Sartre, no existe un “bien” único e inalterable, sino que - cada ser en si -, en ese hacerse para si, edifica - o bien -, debería; deconstruir qué es lo "bueno" y cuál es el puerto adonde dirigir esa omnisciente moral. Es decir, cada ser es libre de consagrar su propio sentido de moralidad y eticidad.  

De allí que Sartre y otros existencialistas aleguen que, no hay ninguna base moral natural de la que el hombre deba partir para nominar las metas de su existencia, porque cada encrucijada de su rumbo, incluso las científicas, conllevan la legitimidad del dudar sobre lo “bueno” o “malo” que podría traer cada acción, visto desde lo estrictamente subjetivo e individual. 

Conceptualización permisiva, que no está demasiado alejada de la psicosis o psicopatía, descrita por el Psicoanálisis, y he aquí las primeras escaramuzas entre ésta y el Existencialismo.



Sartre utiliza inescrupulosamente a Genet, para hacer hincapié en la mala fe que precede al autoengaño inherente a la negación de la propia homosexualidad, soslayando de ex-profeso las muchas y veladas condenas y discriminaciones que sufrían en esa época los homosexuales, en manos de los "morales y normales" ergo "la sociedad". En diáfana apología de un existencialismo llevado al grado de ostensible flagelamiento y autotortura.  


Evidentemente en ese forzado "eleccionismo" no estaba contemplado el suicidio en vida. La mala fe surge de la condición humana - es decir, nuestro miedo a la libertad, de la auto-creación. Según Sartre, esta situación es aplicable sólo a los seres humanos, ya que, a diferencia de otros objetos, que son totalmente lo que sean, somos "nada" en el centro de nuestro ser. Es decir, no tenemos la naturaleza esencial o "esencia" hasta que improvisamos una a través de nuestras propias decisiones y acciones.

La mala fe es un vil intento de eludir esa carga condicionante de la libertad - para tergiversar "lo que somos" como inevitable, so pretexto de la fortaleza omnipotente de una utópica conciencia humana, capaz de revertir lo que fuimos bajo la agencia de exención de un yo secreto, un yo inconsciente que controla el consciente. 



Para Sartre, no hay excusas. Nos constituimos ser, con lo que hacemos, siempre como agentes libres de elegir. Incluyendo casos extraordinarios, como cuando se nos presentan dilemas dolorosos, extremos, irresolubles... nunca son justificados por las presiones externas, en la medida que, no tenemos una elección cercana, una naturaleza que nos supere, incluso si esa elección se debate entre la vida y la muerte.



Para Sartre, el inconsciente (que paradójicamente toma de Freud), solo existe como un apodíctico del "ser en si" - como esencia -, entidad nacida para sucumbir ante la conciencia humana en la medida que el ser va creciendo y madurando. 



"La Existencia, precede a la esencia"....



"Esta forma de ver las cosas ocasionó que a los filósofos existencialistas los acusaran de ser contrarios al pensamiento racional, ya que muchas veces recurrían a parábolas o cuentos para ilustrar mejor lo que querían decir. Los existencialistas trataban de demostrar que la ciencia no es tan racional como se supone."



Pero opino distinto, no se puede acusar al Existencialismo ni al mismo Satre de "contrarios al pensamiento racional", de hecho, todo lo contrario, es hiperracional, es decir, mas racional que la misma razón. Se trata de una magna exageración de los alcances posibles de la conciencia. Por ende, el Existencialismo Sartreano, no peca de irracional sino de olvidadizo y parcial. 



La incompletitud del Existencialismo, es extravagante ejemplo del ímpetu del filósofo en pos de dogmatizar prematuramente un nuevo descubrimiento no científico. Cosa que no le podemos imputar a Freud, quién como máxima nosográfica, afirmaba: " (...) caso por caso"



Irónicamente, como de costumbre, cuando a Freud se le preguntaba su opinión respecto del pensamiento filosófico existencialista, solía repetir que: "cuando era joven se sentía muy atraído por la especulación, pero que, de adulto había tenido el valor de apartarse de ella".



Freud amaba la filosofía, pero se negaba suscribir cierto tipo de filosofía. Razones no le faltaban. 


 


Tampoco podemos negar que, al parecer gran parte de nuestro comportamiento está motivado por "la debilidad humana", pero también resulta evidente, que la libertad para elegir goza de mala salud. En esa necedad por terminar el cuadro, Sartre decide prescindir de la naturaleza, pues significa dejarle flancos abiertos a los impertinentes adoradores de Dios. 



Nunca entendí muy bien el porqué, porque Dios y Naturaleza no ocupan el mismo espacio dentro del lenguaje de la divinidad. Ante la duda, Sartre decide expulsar ambos conceptos de su filosofía, para así, no tener que mirar las sombras proyectadas tras las espaldas del Existencialismo.   




Para ilustrar esto, Sartre se imagina un homosexual explotando estas ambigüedades al negar que él ha elegido su homosexualidad. 



En síntesis, la presunción de que el homosexual que pretendiera imputar la causa de su orientación sexual a la "naturaleza", a una "condición esencial", o a su composición genética, estaría actuando de mala fe.



Sartre asume que la homosexualidad y la cobardía se confunden en una misma elección, ya que, ambos están malinterpretados en lo predicativo que posee lo "siendo inevitable". Alguien podría decir: "Yo no podía dejar de huir -. Yo soy un cobarde por naturaleza" Del mismo modo, dice Sartre, el homosexual trata su "condición" como la determinación de su comportamiento.




Un problema con esta analogía es que, se basa en una suposición no probada, y que siempre ha sido absolutamente categórica para la justificación de la homofobia; so el postulado sociológico de que la homosexualidad carece de razón de ser.



En otras palabras, si extirpo naturaleza, divinidad, todo tipo de condicionante superyoista y el ello, solo me queda el libre albedrío como escudero de la "elección". 



El problema es que, esa elección (para el existencialismo) también resulta inválida por ser de "mala fe", lo que nos conduce inexorablemente a la síntesis dialéctica del "no deber ser de la homosexualidad". 



Y aquí es donde aparece la primer gran contradicción de Sartre, porque anteriormente nos había dicho que la moral es algo también de libre elección, que se construye individualmente.




Si la moral debe ser entendido como un constructo individual, consciente y elegido...¿Por qué habría de ser mala fe, la elección de la homosexualidad?...




En éste caso, la metafísica del oxímoron como lapsus y acto fallido del inconsciente existencialista, nos propone tácitamente lo siguiente: Ya que no existe la naturaleza, Dios ni el inconsciente de la psiquis humana, seremos nosotros quienes le pongamos algunos límites a la moral colectiva.




Vale decir que, para el Existencialismo, se puede y debe elegir libremente, incluso la propia moral, a excepción de la homosexualidad, que por decreto corrió la misma suerte de Dios y Naturaleza.  Porque incluso al "Inconsciente Psicoanalítico", se le dejó un pequeño espacio en el "ser en si" (pequeño pero lo tiene).  

 



¿Por qué no aplicar entonces esta regla general en los heterosexuales?



Nadando en paradojas, debería llamarse éste ensayo. Porque no tengo ninguna prueba, me indique, que los heterosexuales piensen en su sexualidad en términos de opciones elegibles.




Al no haber condicionantes supraestructurales, el heterosexual vive y siente la atracción del sexo opuesto con laxitud y parsimonia. No hay ningún estrés ni padecimiento, tampoco mérito ni cobardía.



Nadie siente miedo de ser heterosexual, no sufre crisis existenciales ni traumas externos a su yo. 



Padecemos con indiferencia y cierto hedonismo nuestros trastornos edípicos y de castración. El narcisimo, es un miembro mas de la familia, y nuestras estructuras psicológicas perviven entre acercamientos y alejamientos, negaciones y elucubraciones. La anomia inconsciente imbuída en la sexualidad del hétero, es parte fiel de nuestra prejuiciosa cotidianidad comunitaria. 



Por favor hombre, no jodáis, la palabra "normalidad" fue inventada por los heterosexuales.  



A Genet, lo indultaron de sus delitos, pero jamás toleraron su abierta homosexualidad. Un homosexual inteligente y exitoso en el ámbito literario y artístico nacido de condición pobre, era un escándalo para la burguesía de ese entonces, incluso para otros homosexuales.




¿Piensa acaso en elecciones factibles un heterosexual, cuando íntimamente asume esa sexualidad como natural, de una naturaleza idéntica a "todos" ?....¿Cuáles son los riesgos que corre ante algo que no necesita elegir?



En su libro “El ser y la nada” (1943), Sartre explica la imposibilidad de poder encontrar un camino que sea decisivamente el tuyo, el predestinado, el único. Y continúa, afirmando que el "abismo", esa figura que está representada en algunos casos como “el fracaso” ante la libre elección, para los existencialistas representa el concepto de la “nada”. 



Es decir que, la homosexualidad es - para el Existencialismo -  la nada, un emergente bastardo del nihilismo.  



Evidentemente, el Existencialismo obliga a elegir a los homosexuales solo una cosa, la no homosexualidad...


¿Pero es esto un problema? 



No se olvide que un problema no es simplemente algo que yo no sé, una ignorancia. Si a mí me preguntan cuántos pelos tienen en la cabeza los muchos lectores que me están siguiendo, no sabría decirlo. ¿Es éste un problema? No. 



Y ¿qué falta para que sea un problema?. Que yo tenga que saberlo. 



Por fortuna, yo para nada tengo que saber cuántos cabellos tienen mis lectores; y esto quiere decir que, no es un problema. 



Pero si yo tuviera que saberlo, si, por ejemplo, alguien me ofreciera un gran premio de varios millones de dolares si el número de pelos fuera par, y me amenazara con muerte violenta si ese número fuese impar, entonces si, sin duda, se convertiría para mí en verdadero problema. 

 



Para que algo sea un problema hace falta: primero, que yo no lo sepa; y segundo, que tenga que saberlo. 


Así es como Sartre, reconoció que algunas cosas no son posibles que cambiemos. Estas condiciones que no son parte de nuestra libertad, las denominó "Facticidad".




Sin embargo, se puede ver como un heterosexual podría actuar de "mala fe" por el uso de su heterosexualidad como una excusa para su comportamiento. Un violador, por ejemplo, podría afirmar que él solo estuvo actuando como un heterosexual, no como individuo, en la comisión de un acto de "facticidad". 


De hecho, en ciertos casos judiciales (especialmente en Argentina) esta estrategia se ha desplegado con más o menos éxito, en los intentos de argumentar que "en cualquier hombre heterosexual, sería normal éste tipo de conducta, ante una mujer que lo seduzca y excite" (muy propio de los Garantistas). 



Es decir que, la apología de la normalidad es llevada a los extremos de convalidar la violación en la heterosexualidad con el mismo fervor e injusticia conque se le exige renunciamiento y control al homosexual. Es parádojico, cuanto menos. 




Este dualismo nos amenaza, además, de otra manera: en efecto, en la medida en que puede decirse que el Para-si, es, nos encontrábamos frente a dos modos de ser radicalmente distintos: el del Para-sí, que tiene de "ser" lo que "es", es decir, que es lo que no es y que no es lo que es, y el del En-sí, - que es lo que es. 



Nos preguntamos entonces si el descubrimiento de estos dos tipos de ser, no termina en el establecimiento de un hiato que escinda al Ser, como categoría general perteneciente a todos los existentes, en dos regiones incomunicables, en cada una de las cuales la noción de Ser debía ser tomada en una acepción originaria y singular.




El hecho del estar presente la conciencia ante sí misma, es un signo de la existencia de una cierta dualidad o separación en el interior de la conciencia, pues no parece posible el conocimiento de uno mismo, sin una cierta distancia.




Sartre se pregunta por lo que en el interior de la conciencia separa a, ésta, de sí misma pero no permite la presencia ante sí misma,  de su ser sumergido, el ser natural, el inconsciente de sí mismo, el negador de su condición animal, y como tal esencial. 
 



El inconsciente psíquico descrito por Freud, es medular, ergo una piedra fundamental que nunca debió haber abandonado la filosofía. Tal vez, tan necesaria e importante como Naturaleza, Dios y todo lo que negamos y no conocemos.  




Me despido, porque se hizo muy extenso y me cansé de escribir, pero obviamente es un tema que mantiene mucha piola en el carretel. Quizás algún día, mas adelante, soltamos cuerda y remontamos el barrilete. Buen día.-



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miércoles, 29 de abril de 2015, 18:11:00 GMT-3

Muy claramente explicado... hasta yo lo entendí!!

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