El mejor escritor que conocí | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El mejor escritor que conocí

lunes, 20 de abril de 2015 0 comentarios





NARRACIÓN ORAL








Escrito por: Ramón D. Peralta


Noche de tormenta, agua y calor. Me levanté de mala gana y con peor humor. Malditos relámpagos. Luego de tomar un té que no era caliente ni té, me mentalicé que no debía hacer nada. Y aquí me ven, sin nada que hacer. Hoy no voy a escribir, y no insistan, pero les contaré una historia real narrada por un mentiroso. 

 


Tito me advirtió: "Es un buen tema para no escribir jamás".
Describe las vicisitudes de Valentín, un escritor que nunca llegó a escribir nada, porque siempre le sobraban o le faltaban palabras. Su vida era agitada, y sus contemplaciones se debatían entre el academicismo anacrónico y lo acalófilo. 

Lo único que lo unía con el mundo literario estándar, era su amor por las letras. Y tanto las amaba, que se había consagrado a la promiscuidad. 

Las quería todas para él. Pero vieron que las letras son como las mujeres, hermosas y celosas. Quizá esto explique, por qué Valentín era solterón y prolífico literato de novelas sin editar.




Alguno de ustedes estará pensando que es fácil ser escritor sin escritos, pero se equivocan, no lo es. 

Tampoco sospechen que no me cuesta contar este relato sin escribir. Valentín es mi antimateria, lo admiro y respeto por ello. Yo en cambio, soy un común que no puede estar sin escribir.

Para descubrir a Valentín había que estar cerca de él, detrás de algún árbol, rosal o el tapial bajo de la quinta, escondido. No soportaba plateístas ni tribunos en torno a su cincel oral. 

Gracias a la providencia, era políglota. Claro, muchos pensarán que esta condición no tiene importancia a los efectos de esta narración, y otra vez se equivocan. Valentín ofuscado, casi por reflejo, diría yo: "Puteaba en mas de un idioma, excluyendo el castellano". Lo cual lo edulcoraba de infantílismo bizarro y lo alejaba de toda expresión escatológica. Era un sabio bien hablado, salvo cuando se enojaba, excepción solo perceptible para otros políglotas, que no es mi caso.





Valentín sabía que su literatura pasaría al olvido de los demás, pero no de su memoria. Solía escribir en voz alta mientras caminaba por los escuetos senderos de un jardín maltrecho y derruido, mas que jardín, un patio. Los médicos lo dejaban, subsumían como terapéutico.








Por ejemplo, un día escribió a viva voz:

"soy la semilla que germina el viejo árbol, que aun teniendo sólidas raíces necesita de nuevos retoños". 

Tenía cosas como esas o como esta: 

"venceré mi propia arrogancia, el día que deje de pensar definitivamente en mi como otro", "la naturaleza del hombre está en no poder percibir su propio origen, pues si lo supiera la materia para él dejaría de ser relevante", o , "no hay noche tan oscura donde no puedas ver la belleza de los propios miedos", "los problemas del hombre no se solucionan con la muerte, sino con conocer lo que es la vida ". "la inmortalidad no consiste en vivir eternamente, sino en saber de que trata".



Valentín, sin embargo era un gran lector. No podía parar, era enfermizo en él. En la biblioteca del Hospital, ya no quedaban libros que no haya leído y releído varias veces. La familia comenzó a traerle algunos, los otros, provenían de los amigos. El manicomio lo protegía de los "cuerdos". Pero es verdad, Valentín no era normal, las cosas y las riquezas no le importaban.


¡Pobre loco!, exclamaban casi al unísono..., los "normales".-



Un día, que fue un gran día, le regalaron una notebook, que aprendió a usar casi de inmediato. Alguna esgrima ya tenía, pero adolecía de práctica. Santo remedio, la carencia de libros dejó de ser un reto. 

Como todo buen "loco", tenía un poder de concentración que solo un autista en su genialidad puede lograr. Era Internet quien navegaba en su cerebro. Con cada conocimiento que ingresaba, se llenaba un hueco, y con cada respuesta nacía una nueva pregunta. 

Valentín no era un sabio ortodoxo, era un loco, pero os aseguro que si no fuera por los manuales y estereotipos, cualquiera habría visto como invisible las diferencias.




Valentín, concebía para sí, una filosofía netamente antifilosófica. Por ejemplo, y solo para ilustrar esta charla, Tincho decía: 

"Nadie puede dejar de pensar, pero si puede pensar en otra cosa, que no sean cosas". "No pensar en la riqueza me permite compartir mas tiempo con mi alma, que solo significa asumir mis sentimientos como preeminentes. Muchos confunden amor propio con odio propio, o lo que es peor, con el amor tipificado por todos que termina siendo una paradoja". 

Es interesante analizar, cómo el amor empírico o metonímico del conjunto es quien rige a la sociedad, cuando el amor propio es la antinomia en el individualismo. Si me amo realmente, ¿por qué poner las cosas por delante mío?, y si me amo realmente ¿por qué poner a la sociedad por encima mío?. Hay una paradoja, o varias, sin duda.


Tincho escribía sin escribir, mientras escuchaba su entrañable Radio Miami en internet (era un esquizofénico bien informado). 

Menos mal que nosotros no estamos en la insanía de Valentín, el "pobre loco". Luego de conocerlo comprendí, por qué no escribía siendo un eximio escritor: ¿Quién querría leer semejantes palabras?, o bien: ¿Quién podría y querría entenderlas?. 

Para algunos sobrarían, y para otros faltarían. Para ser loco, tiene mucha lógica su negativa. Lo bueno del positivismo y la dialéctica del materialismo, es que excluye a los locos de sus antagonismos y agonismos. 

¿Qué clase de loco se sumaría a la lucha de clases sino sabe qué valor tienen las cosas y solo vive en su mundo para si mismo?.


Menos mal que el mundo está en manos de los cuerdos: ¿Imaginan un mundo donde nadie le de bola al petroleo, al oro o a los dólares?. Tiemblo de solo pensarlo, ¡"sería horrible"!.

Hay libros que no deben ser escritos, que sirva como moraleja. Y demos gracias, que los mejores escritores no escriben. 

Sería terrible que estos locos atenten contra la normalidad del "materialismo humanista". A veces pienso: ¿De cuántos excelsos filósofos nos habríamos privado, si el mundo hubiese sido controlado por "locos como Valentín"?. 

Siento escalofríos de tan solo imaginarlo.




No obstante, los locos también se pelean por las cosas. 

¡Anatematizado capitalismo!. Valentín murió luego de que le quitaran la computadora. Dicen que murió de paro cardíaco, yo se que murió de tristeza. Él solo quería leer, saber, llenar su vacío, pero era "loco", los médicos sentenciaron que no le hacía bien. 

Quizá no se hayan equivocado, y ahora esté mejor, - quién sabe donde -, escribiendo lo que aquí jamás escribió, siendo que fue el mejor escritor que conocí. 


¿Vieron?, no es un cuento feo este acertijo. La sabiduría como Dios se manifiesta de extraña manera, quizá otro día me decido y lo escribo. Buen día.-



EN MEMORIA DE MI HERMANO: HÉCTOR ANIBAL PERALTA (la mejor persona que conocí en esta vida)

Fuente Diario Literario COPIA OCULTA 
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