El eterno proyecto | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El eterno proyecto

lunes, 27 de abril de 2015 1 comentarios

IRONÍA POLÍTICA






Escrito por Lic Ramón D. Peralta




En anteriores ensayos "he malgastado mi tiempo" hablando de la percepción y conceptualización del tiempo, cosa que volveré a hacer. Pero no es neutral esa percepción del tiempo en los argentinos, porque en esos henoteistas rieles de ferrocarril, viaja nuestra manera de pensar y ver el mundo, nuestro mundo.
La concepción aristotélica de pensar el paso como un flujo constante de atrás hacia adelante, ergo un pasado que nos precede, un presente que nos contiene en el ahora y un futuro que no ha llegado pero que nos alienta, se constituye en el devenir del ideario político de occidente. Sin embargo, el tiempo no es eso, tampoco el espacio. 
Esta vez no quiero hacer juicios de valor sobre lo que existe o no del kirchnerismo, o sobre lo que hizo bien o mal, porque es participar de un debate menor, que como tal no nos lleva a ningún lado  desde lo filosófico. Cada cual tiene su opinión, y como tal, se presume válida. La democracia no es mas que una ilusión de tolerancia prescriptiva en el absoluto. 
Esta vez quiero maravillarme con el mayor e indiscutible logro del kirchnerismo, que sin duda marca distancias con las anteriores doctrinas, sistemas y metodologías políticas; y me refiero al eficaz manejo de su liturgia dogmática. Porque si hay algo que ha resultado nítidamente transversal en el kirchnerismo, ha sido su retórica política. No obstante, como ésta dimensión es demasiado amplia de analizar con minuciosidad, habré de referirme solo al aspecto mas sobresaliente de su corpus discursivo, hablo del marketing proselitista intitulado:

"La defensa y continuidad del proyecto"


Para la semiología, la iconografía de la palabra "proyecto" en un dogma como el kirchnerista, está intrínsecamente vinculada a un destino, ergo una especie de plan creado por "ÉL, una cuasi deidad mitológica, que por ende, no puede ni debe ser modificado de ninguna manera. Pero también, se evidencia una diáfana iconología abarrotada de imágenes, emblemas y alegorías inherentes al "amor al pueblo". Que traducido al lenguaje del maniqueísmo, se descifra como: "No hay amor sin odio. No hay amigos y buenos, sin enemigos y malos".

Pero en éste proceso de semiosis, la palabra "proyecto" en el dogma político, lleva implícito palabras como "abyecto" (que significa despreciable - algo que nos molesta, y que como tal, nos condiciona a separarnos de ello), la palabra "obyecto" (que significa: enfrentamiento, oposición - lo que nos fue interpuesto en nuestro camino - lo que se me enfrenta y me pone en peligro), y la palabra "trayecto" (que significa el espacio que se puede recorrer, pero en un sentido pretérito, es decir que se trata de un espacio que puede ubicarse en el pasado, o en un tipo de futuro que se presume conocido, por ser una proyección de un pasado idéntico al vaticinado). Es decir, que los signos, simbologías y representaciones de la palabra "proyecto" usada por el kirchnerismo no es una mera inocuidad semántica, ya que lleva consigo, una carga muy rica en abstracciones y símbolos impersonales. El mensaje es claro, "la deconstrucción del proyecto kirchnerista sigue vivo como un devenir eterno" . 

Alguna aparente consecuencia a tal posibilidad del destino sería, evidentemente, la negación de la libertad humana. Pero tal cuestión, presupone el problema de la esencia política resuelta. Si no se puede discernir algún "proyecto" que distinga a la oposición del resto del universo, entonces argumentar en torno a la libertad de elección de proyectos, es absurdo.


Imagínese un universo con un único "proyecto", tal como lo imagina el dogmático kirchnerista. Si se preguntase si tal electorado es libre o no lo es, sería una pregunta sin sentido pues no habría nada que pudiera, al menos en principio, condicionar o limitar su libertad. 

Si a esto se le pretendiera contra-argumentar afirmando que es libre, precisamente porque no hay algo que lo condicione, entonces ese "algo" representaría un elemento más al universo, lo que traería como consecuencia estar tratando un universo de dos proyectos, es decir, un universo diferente. Tal "algo" no tiene posibilidad en un universo de un solo proyecto por el simple hecho de que ya no sería de una sola unidad. 

Entonces, para indagar sobre libertad de elección, primero debe hacerse como mínimo una separación auténtica y clara de al menos dos elementos en nuestro universo, en otras palabras, hacer un criterio de demarcación entre el sujeto y el universo, pues de él decantará si efectivamente hay un proyecto, si hay muchos o - incluso sino hay ninguno. Sin embargo, cuando un kirchnerista sostienen: "yo defiendo la continuidad del modelo", está simbolizando que no hay mas modelos por fuera de su imaginación.

Las palabras, en los dogmas, son el constructo teleológico de la política. El "kirchnersita duro",  al pensar el afuera del "proyecto", lo resuelve como el no-lugar de la "U-topía", en ese acto inconsciente se desprende del "sí mismo" en olvido del ser para inventar un mañana que le sirva de patrón, de modelo, de olvido del hoy que estaba siendo. Porque la bendición del dogmatismo, radica justamente en ese neurótico olvido de la angustia, en pos de privilegiar la renuncia a un futuro distinto. 




Es así, como la búsqueda perenne del futuro, la deconstrucción de ese futuro, facilita el desencantamiento del camino, ya que se eliminan las posibilidades de que otro tipo de futuro invada el espacio del "único". Es decir que, lo que marcó esa distinción y separación "modular" del tiempo, fue justamente la forzada acción de auto-contemplación de la conciencia. Había alguien que me miraba desde distintos ángulos que no era alguien por fuera de mi mismo, ese "ser para si" que observaba al "ser en si", pero esa distancia existente, no es parte del mundo real, sino que es algo que deambula dentro de la mente dogmática. El lenguaje anticipa el futuro. 

El dogmático, se anoticia cotidianamente a sí mismo sobre la conveniencia de apostatar ante "un futuro mejor", porque de hecho ya se abdicó ante el "proyecto único". Nadie espera algo mejor, cuando nuestro futuro fue proscripto en el "único". Para el dogmático, no hay futuros elegibles, porque siempre se buscará el cambio en base a repetir el mismo "proyecto", Por ende, lo mejor y lo peor del futuro, se disuelven en la indiferencia a la periferia del  "proyecto único". No hay herejías permitidas, por afuera la nada.     


El dogma es un límite del futuro, y no tiene umbral porque siempre se vive de manera singular, psíquica. El kirchnerismo es una tiranía tímida. Pero ese deseo inconsciente del dogmático, se ha tornado el motor de su vida, y como tal, se intuye que si se cede en el deseo del otro, enfermaremos ergo la muerte del "proyecto" acontece cuando dejamos de desear.


Para el hombre que vive por fuera de los dogmas, la historia de los hombres, la historia del pensamiento y del conocimiento, la historia de más de dos mil quinientos años de preguntas, la historia de las sociedades occidentales, se encuentran dibujadas en ese imaginario de futuros, ese largo viaje hacia una esperanza concebida como otredad, una esperanza que se anticipa y que tiene como sustento, como alimento, la búsqueda permanente de un "yo mejor" ergo de "un mundo mejor". No hay posibilidades de crecimiento, cuando ya el "proyecto" preanuncia el resultado del futuro. 

 



La autocrítica, se nos vuelve como fundamento, cuando nos negamos aceptar que no hay producción sin errores, y que necesariamente se tienen que producir, para poder rectificarlos. El futuro solo se justifica a sí mismo en la esperanza de redención, de elevación,  de optimización, cosa de la que prescinde el "proyecto único", pues se considera inmanente a la perfección. La perfección se constituye así, en el verdugo predilecto del futuro como anhelo de superación. 


Implica también, una firme convicción de que hay algo completamente objetivo "ahí afuera", un conspicuo y prematuro desahuciado del pasado que nunca fue nuestro, la pretensión de un conocimiento verdadero en el hoy, que garantizaría una aproximación verosímil al mañana, que, a su vez, orientará el transito de ese hoy que somos hacia un mañana idílico, que conlleva, a su vez, la misión de convertirse en espejo, en garante de la certidumbre, el aval de las verdades inmutables de lo hasta hoy conocido mediante el dogma. 


En el mismo sentido que el futuro "único" deviene en comprensión del hoy,  que resulta, al haber éste adquirido la aptitud para construir el porvenir "único". Es así, como el futuro asume la tarea de legitimar el presente sin que exista el presente en realidad. Un proyecto único, donde la histeria cobra un papel protagónico en la historia del populismo, quién de manera ejemplar "dramatiza" el amor, el deseo y la muerte depositados en ese "único proyecto" de vida.


Por fuera del proyecto único, no hay realidad pre-discursiva. Todo se construye, por ende, la realidad  tampoco tiene libertad para deambular por fuera del dogma. En el proyecto, hay jóvenes que se sienten viejos y ancianos que tienen todo de adolescencia,  porque el inconsciente no tiene secuencia, tampoco el orden del tiempo y espacio. En el kirchnerismo, son los jóvenes quienes deben enseñarle a los viejos.  Joven o viejo son modelos ideológicos del Estado. Pero el alma no se arruga.


El deseo enquistado en el "proyecto único" está detenido en la fobia, enclavado en el fetichismo e insatisfecho en la histeria colectiva que los nutre. En esa "defensa del proyecto", todos desean las mismas cosas y se diferencian en las diferentes formas de renuncia. Pero sin incertidumbre, sin cierta cuota de desdén, no se puede construir nada. Como aquella sórdida y hegeliana "paradoja del amo y el esclavo", que se reedita de manera inmortal en la otredad de un dogma que se fagocita a sí mismo.

  
Cuando nos preocupamos tanto por los resultados, evidenciamos una magna haraganería, una procaz fatiga, esa nausea que nos inmoviliza ante el riesgo de algo distinto. Asumir el futuro como futuro, implica asumir riesgos, en la ignorancia que no hay riesgo mas grande que no hacer nada. Filosofar sobre el futuro, es el síntoma humano de la excelencia, de aquel que no tiene un "proyecto único"
Porque el misterio del tiempo subyace en toda concepción del "ser en cuanto a su ser", acerca del futuro. Tiempo, Acontecimiento y Ley, concretan la respuesta en torno a la Direccionalidad, la Inteligibilidad y la Predicción. Se piensa el futuro como posibilidad de redireccionamiento, como impulso para corregir los errores del presente.
Pensar el tiempo de una manera unidireccional va a conferirle una transitoriedad al Ser. Ante su fracaso por construir un mundo mejor, el hombre libre de pensar, toma conciencia de la irreversibilidad del tiempo por él imaginado; el tiempo se transforma así, en su mayor fuente de desesperanza. Ante una vida que se muestra finita, efímera, se vuelca en el futuro la confirmación o negación de su trascendencia. 

Es por ello que, entender la desesperanza del ciudadano no dogmático, conlleva la vivisección del dolor en la angustia que propicia imaginar un futuro colmado del "proyecto único".

Porque luego de 12 años de ejercicio del poder, muchos de nosotros nos preguntamos en referencia al kirchnerismo:

¿Cuándo dejará de ser un proyecto?.


Buen día.-

Fuente  Diario COPIA OCULTA
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Anónimo
lunes, 27 de abril de 2015, 12:45:00 GMT-3

Maravilloso ensayo Diego,no podria estar mejor expresado, me gustaria tener tu claridad y capacidad para escribir. FELICITACIONES ¡¡¡¡

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